domingo, 19 de enero de 2014

MASACRE CAMPESINA EN CLIZA

MASACRE CAMPESINA EN CLIZA Ejecutada por:MOVIMIENTO NACIONALISTA REVOLUCIONARIO (M.N.R.) Noviembre 1960 Ediciones masas MASACRE CAMPESINA EN CLIZA Noviembre 1960 Lo ocurrido en Cliza solamente puede tener un nombre: asquerosa masacre de campesinos ejecutada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario en el poder. Las autoridades habían planeado apresar a ciertos dirigentes considerados como veizaguistas y, al mismo tiempo, desarmar a los sindicatos; para esto se ordenó la ocupación de Cliza por una fracción de carabineros, la que se apresuró en convertir el local de la Federación Campesina en su cuartel. Los invasores asaltaron viviendas, robaron, flagelaron y violaron a mujeres, demostrando así que la barbarie movimientista hace palidecer todo exceso que pudieran cometer los explotados en su lucha liberadora. La reacción obligada de los campesinos fue respondida con ráfagas de ametralladoras, con el asesinato fríamente calculado. Inmediatamente después se ordenó que fuerzas regulares del ejército ocupen el valle cochabambino y realicen una meticulosa limpieza de todos los focos de resistencia. Diariamente siguen siendo asesinados los heroicos campesinos, que cambian sus vidas por sus tierras y por sus armas tan difícilmente conquistadas. Solamente el temor de que el Norte de Potosí se movilice contra los masacradores mantiene en raya a éstos. El gobierno rnovimientista, conforme a las instrucciones emanadas del Departamento de Estado yanqui, está decidido a llevar adelante su plan de desarmar totalmente a las milicias campesinas y obreras. Esta es la causa por la que se pone tanto cuidado en reorganizar y fortalecer tanto a carabineros como al ejército. Se pone en manos de las fuerzas armadas el destino del pueblo y de las organizaciones sindicales. No puede haber la menor duda de que la reacción se ha hermanado con el gobierno movimientista que viene ahogando en sangre a los sectores populares. El plan siniestro del binomio Paz-Lechin sólo puede ser frustrado por la vigorosa acción unitaria de obreros y campesinos de todo el pais. La movilización debe enarbolar consignas concretas: - Retiro del ejército del Valle. - Lucha contra las autoridades que han demostrado ser enemigas de las organizaciones populares. - Defensa incondicional de las organizaciones campesinas. ¡No entregar al gobierno ni un solo fusil! - La defensa de la tierra quiere decir la existencia de milicias campesinas fuertemente armadas. - Deben ser las propias masas las que resuelvan sus problemas y sus antagonismo. - ¡Fuera de las organizaciones sindicales el ejército y los carabineros! El jesuitismo del Movimiento Nacionalista Revolucionario en el poder busca convencer a las poblaciones que los campesinos y sus sindicatos son sus enemigos. Tiene que explicarse pacientemente que la lucha revolucionaria contra el desgobierno movimientista, contra los masacradores de obreros y campesinos, supone la unidad granítica de los explotados de todo el pais, tanto del campo como de las ciudades. Cada día y con mayor firmeza avanza el convencimiento de que el Movimiento Nacionalista Revolucionario, reaccionario, enemigo del pueblo boliviano y agente del imperialismo, no es otra cosa que un agente del imperialismo, que usa el aparato estatal para aplastar a las bases que están dispuestas a castigar a los traidores. Están equivocados los que piensan que los crímenes de Cliza no son más que la consecuencia de la pugna caudillista entre los caudillos Rojas y Veizaga. Las luchas entre los líderes no se desarrollan en las nubes, sino en el marco de la política y de las pugnas caudillescas del oficialismo. Contrariamente, se trata de simples pretextos utilizados por el gobierno para poder materializar sus criminales proyectos de aplastar a los sindicatos y a las propias milicias. Dentro de poco será Rojas la víctima de turno del proimperialista Víctor Paz. La obligada respuesta: ¡Ejemplar castigo para los masacradores de Cliza! Señalamos con el dedo a los asesinos: Víctor Paz Estenssoro y Juan Lechin. Corresponde a las masas, al pueblo todo, castigar a los masacradores. Solamente así se podrán evitar nuevos asesinatos y nuevos atropellos contra los sindicatos y contra las milicias. (De “Masas”, No. 135, La Paz, 26 de noviembre de 1960). EL EJEMPLO DE COCHABAMBA Las 15.000 personas que en Cochabamba salieron a las calles a expresar su protesta por la masacre de Cliza, fueron provocadas y agredidas por las turbas movimientistas. Los trabajadores y el pueblo en general reaccionaron inmediatamente y castigaron ejemplarmente a los agresores. Los estudiantes, como es ya tradicional, ocuparon los primeros puestos en estas jornadas. ,Lo ocurrido en Cochabamba ha sido la expresión del repudio de todo un pueblo a la política antipopular y entreguista del desgobierno movimientista, ahora representado por el binomio Paz-Lechin. Sería erróneo no comprender que el ejemplo de Cochabamba, que será inmediatamente seguido por el resto del país, ha puesto de manifiesto que la evolución política pasa a un plano superior. Ya no se trata del repudio aislado y hasta esporádico, de los centros obreros más avanzados, sino de la protesta de todo un pueblo. Adquiere importancia el hecho de que estas acciones hayan estado motorizadas y dirigidas por las centrales obreras respectivas. Los manifestantes se han esforzado en subrayar que su intención es poner en pie la unidad granítica entre los explotados del agro y la mayoría de las ciudades. Sólo la ignorancia y la mala fe pueden atribuir a semejante movimiento intenciones reaccionarias. Se trata del fortalecimiento de la oposición revolucionaria al gobierno entreguista y es natural que se encamine a colocarse a la cabeza de las masas mayoritarias. Los acontecimientos de Cochabamba, cuya primera consecuencia ha sido aterrorizar al gobierno, pues significa una seria advertencia de lo que ocurrirá en el futuro inmediato, han precipitado la adopción de la medida del estado de sitio en dicho departamento. Las medidas represivas pretenderán aplastar preferentemente a los núcleos campesinos y obreros. Los resultados de la manifestación que comentamos no podrán menos que fortalecer a los combatientes del pueblo y templarán a las filas revolucionarias. Se trata de un simple episodio en medio del poderoso ascenso revolucionario que estamos viviendo. El estado de sitio ha sido desconocido por decreto de la Central Obrera, la misma que ha repudiado a las autoridades departamentales y al ministro de Gobierno, por haber demostrado su condición de prorosqueros y de enemigos jurados del pueblo. La burocratizada COB, contrastando violentamente con la conducta de los sindicatos de base, ha guardado un discreto silencio con referencia a los episodios protagonizados por los trabajadores de Cochabamba. Pero, algunos de los “líderes” han expresado en el Legislativo que repudian a los manifestantes, por estar “manejados por los extremistas”. Con tan peregrino razonamiento han dado su voto en favor del estado de sitio, es decir, de las medidas represivas contra el pueblo. Las masas, al radicalizarse, no pueden menos que aplastar a la burocracia sindical. (De “Masas”, No. 135, La Paz, 26 de noviembre de 1960). Ediciones “Masas” “Masacre campesina en Cliza”...

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